Palestra / UNAM
Durante décadas, las auroras de Neptuno fueron un enigma. Mientras Júpiter, Saturno e incluso Urano mostraban sus espectaculares luces polares, el octavo planeta del sistema solar se mantenía reservado, sin una imagen clara que confirmara este fenómeno en su atmósfera. Hasta ahora.
Gracias al poder del telescopio espacial James Webb, la NASA anunció la primera detección visual confirmada de auroras en Neptuno. Y sí, la espera valió la pena: el hallazgo no solo es estéticamente impresionante, también cambia lo que sabíamos sobre el campo magnético, la atmósfera y el comportamiento de los gigantes de hielo.
Auroras: ¿qué son y por qué Neptuno era la excepción?
Las auroras ocurren cuando partículas energéticas, principalmente del Sol, son atrapadas por el campo magnético de un planeta y terminan chocando con su atmósfera superior. El resultado: un espectáculo de luz natural que se puede observar en regiones polares, como ocurre en la Tierra.
Aunque ya se habían detectado auroras en Júpiter, Saturno y Urano, Neptuno se resistía a mostrarlas. Desde 1989, cuando la sonda Voyager 2 sobrevoló el planeta, los astrónomos intuían que ahí también ocurría este fenómeno. Pero ninguna observación, ni siquiera con los telescopios terrestres más avanzados, había logrado confirmarlo… hasta que llegó Webb.
Webb entra en acción: ciencia infrarroja desde el espacio
En junio de 2023, el telescopio James Webb apuntó su mirada al lejano Neptuno. Usando su instrumento NIRSpec (Espectrógrafo del infrarrojo cercano), capturó imágenes y espectros que no solo muestran al planeta con gran detalle, sino que también revelan por primera vez la presencia del catión trihidrógeno (H₃⁺), una molécula que solo aparece en condiciones de actividad auroral.
Las auroras neptunianas aparecen en las imágenes como manchas turquesa (cian), que resaltan sobre el fondo azul del planeta. Esta luz no es visible a simple vista; solo puede detectarse en longitudes de onda del infrarrojo, lo que convierte al Webb en el instrumento ideal para este tipo de observaciones.
¿Y por qué las auroras no están en los polos?
A diferencia de la Tierra, donde las auroras se concentran en los polos norte y sur, las de Neptuno están situadas en latitudes medias —más o menos donde estaría Sudamérica si se tratara de nuestro planeta. Este detalle fue una sorpresa, pero tiene una explicación fascinante: el campo magnético de Neptuno está inclinado 47 grados respecto a su eje de rotación.
Eso significa que los puntos donde las partículas solares penetran la atmósfera no coinciden con los polos, sino con regiones alejadas de ellos. Esta particularidad complica la detección de las auroras y contribuyó a que permanecieran ocultas durante más de tres décadas.
Una atmósfera que se enfría… y confunde
Además del hallazgo visual, Webb permitió medir la temperatura de la atmósfera superior de Neptuno, algo que no ocurría desde la época de la Voyager 2. Y el resultado fue inesperado: la atmósfera está cientos de grados más fría que hace 34 años. Según el investigador Henrik Melin, esto explicaría por qué las auroras de Neptuno eran tan difíciles de ver: su débil resplandor se habría perdido en un entorno demasiado frío para emitir suficiente energía detectable.
Este cambio dramático en temperatura sugiere que la atmósfera de Neptuno es mucho más dinámica de lo que se pensaba, pese a estar más de 30 veces más lejos del Sol que la Tierra.
Lo que viene: un nuevo capítulo para los gigantes de hielo
El hallazgo representa una revolución en el estudio de Neptuno, pero también una llamada de atención para futuras misiones a los planetas gigantes. Los astrónomos planean observar al planeta durante un ciclo solar completo (11 años), para entender cómo el campo magnético del Sol interactúa con el de Neptuno y cómo esto afecta su atmósfera y su extraña inclinación.
Este avance también refuerza la importancia de tener instrumentos como Webb, capaces de operar en longitudes de onda infrarrojas, algo crucial para estudiar planetas tan lejanos.
La imagen que lo dice todo
La NASA compartió una imagen compuesta de Neptuno: a la izquierda, una toma mejorada del telescopio Hubble; a la derecha, la versión con datos del Webb. En ambas se ven las características nubes blancas del planeta, pero solo en la imagen de la derecha aparecen las manchas turquesa que confirman, al fin, que Neptuno también tiene auroras.
Ideas destacadas
El telescopio James Webb captó por primera vez auroras en Neptuno, revelando un fenómeno que llevaba más de tres décadas sin confirmarse.
Las auroras aparecen como manchas turquesa en las imágenes infrarrojas, gracias a la presencia del catión trihidrógeno (H₃⁺).
A diferencia de otros planetas, las auroras de Neptuno no están en los polos, sino en latitudes medias, debido a su extraño campo magnético inclinado.
Webb también detectó un enfriamiento extremo en la atmósfera superior de Neptuno, clave para entender por qué las auroras eran invisibles.
Esta observación abre la puerta a nuevas investigaciones sobre el comportamiento magnético y atmosférico de los gigantes de hielo.
Los hallazgos fueron publicados en Nature Astronomy y forman parte del programa de Observaciones con Tiempo Garantizado.
El telescopio Webb es un proyecto conjunto de la NASA, ESA y CSA, y está revolucionando nuestra visión del sistema solar.