En el futbol suele escucharse mucho la frase “está tocado por Dios”, que describe a los jugadores dotados de un enorme talento.
Ejemplos hay muchos, pero lamentablemente en México es una característica que no suele manifestarse mucho. Hasta que apareció Gilberto Mora. A sus 17 años, el canterano de Xolos de Tijuana no sólo exhibe sus cualidades con el balón en los pies.
Además, cada que entra al terreno de juego muestra una calma y sapiencia que da la impresión de que lleva un largo recorrido en su carrera, aunque apenas tiene un par de años como profesional.
La “graduación” de Gil ha sido este Mundial 2026 con la playera verde. El jugador aprovechó las oportunidades de Javier Aguirre y se volvió el motor de la media cancha. Contra Ecuador, en un duelo a matar o morir en esta competencia, fue de lo mejor en el césped del Estadio Ciudad de México.
Morita pedía el balón, lo distribuía y cuando le tocó estar mano a mano con los zagueros —como ya es costumbre— salió avante. Asimismo, como suele ver espacios donde no los hay, filtraba balones que ponían en jaque a los rivales.
Incluso, levantó un par de ocasiones a los aficionados de sus asientos con dos intentos a puerta que pasaron muy cerca del poste que defendía Hernán Galíndez.
También, Gilberto sabe que cuando los espacios se cierran, lo mejor es probar la puntería. Apenas al minuto cinco recibió una diagonal afuera del área y no dudó en sacar un remate que pasó rozando el poste.
Para el 14’, un rebote por la derecha le dio la oportunidad de buscar el ángulo, pero el esférico salió apenas a centímetros de larguero.
Para el complemento el Vasco no lo arriesgó y salió al 58’. La Selección Mexicana está en buenas manos y, hasta donde llegue el Tricolor en esta Copa del Mundo, Gilberto Mora hace soñar a los aficionados con la posibilidad de cambiar la historia.

