A finales de 2019 el mundo estaba a punto de cambiar. Por entonces, los primeros casos del entonces casi desconocido virus del COVID-19 comenzaron a expandirse por todo el planeta y, poco a poco, alcanzaron un pico y los estudios sobre su origen, efectos y tasas de mortalidad aparecieron. Ahora, siete años después, han salido a la luz las conclusiones de la Casa Blanca.
El equipo de gobierno de Donald Trump ha publicado un exhaustivo informe en el que apunta a que el virus posee “una característica biológica” que no está en la naturaleza y, además, señala que los datos sostienen que “todos los casos de COVID-19 se originan a partir de una única transmisión a humanos”.
“Esto contrasta con pandemias anteriores, donde hubo múltiples eventos de transmisión”, prosigue el informe, que culpa a los “niveles de bioseguridad inadecuados” del principal laboratorio de investigación sobre el SARS, ubicado en Wuhan (China), al que denuncia: “Tiene un historial de realizar investigaciones de ganancia de función”.
Incluso la Casa Blanca indica que varios de los investigadores de dicho laboratorio ya habían enfermado en otoño de 2019, esto es, “meses antes de que se descubriera la COVID-19 en el mercado de animales vivos”. “Según casi todos los criterios científicos, si hubiera evidencia de un origen natural, ya habría salido a la luz. Pero no ha sido así”, añade la Casa Blanca.
La Casa Blanca denuncia a la OMS y las medidas impuestas por el coronavirus
El informe también señala a la Organización Mundial de la Salud (OMS): “La respuesta de la OMS a la pandemia de COVID-19 fue un rotundo fracaso, ya que cedió a la presión del Partido Comunista Chino y antepuso los intereses políticos de China a sus obligaciones internacionales”.
Considera que medidas como la distancia de dos metros fueron “arbitrarias” y que el uso de mascarillas no demostraba que “protegieran eficazmente” a las personas. “Los confinamientos prolongados causaron daños incalculables no solo a la economía estadounidense, sino también a la salud mental y física de los estadounidenses, con un impacto particularmente negativo en los jóvenes”, añaden.

