James Wagner / The New York Times
En noviembre, una colega de The New York Times me invitó a un partido de exhibición de tenis entre Carlos Alcaraz y Tommy Paul en un recinto histórico: la Plaza México, la arena de toros más grande del mundo.
La plaza, que abrió en Ciudad de México en 1946, tiene capacidad para 42.000 personas y eclipsa al estadio de fútbol adyacente. Casi 20.000 personas asistieron al partido de tenis y aun así el enorme recinto se sentía vacío. Mientras caminaba, vi muchos recordatorios de la historia del lugar —estatuas e imágenes de toreros—, pero ningún anuncio de futuros eventos taurinos.
Después del partido, me enteré de que un juez federal había prohibido la tauromaquia en la Plaza México en 2022, tras una impugnación legal de un grupo de derechos humanos que argumentó que el trato “degradante” hacia los toros era perjudicial para la sociedad. Los partidarios de la tauromaquia argumentan que, durante siglos, la práctica ha sido una parte importante de la cultura y economía del país.
Me mudé de Nueva York a Ciudad de México el pasado abril para cubrir los deportes y la cultura en América Latina con mucho que aprender sobre la región y sus tradiciones. Mi artículo sobre la tauromaquia, que se publicó este mes, abordaba muchas batallas legales que se estaban desarrollando en tiempo real.
Empecé mi reportaje de lleno en enero, un mes después de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación revocó la prohibición de tauromaquia en el recinto. Supe de inmediato que ahí había una historia, un reportaje que podría generar debate y tal vez incluso sorpresa.
Mucha gente asocia la tauromaquia con España, un país que popularizó la práctica. Así que pensé que a una parte de los lectores del Times les intrigaría saber que el recinto taurino más grande del mundo está en Ciudad de México, la ciudad taurina más grande del país taurino más grande del mundo. Con la popularidad del arte mermada en otros países y cinco de los 32 estados de México prohibiéndola desde 2013, me resultó contradictorio que la tauromaquia estuviera volviendo a un lugar emblemático.
Con la bendición de mi editor, Diego Ribadeneira, pasé unas semanas intentando comprender el panorama más pequeño —el caso de la Plaza México— y el más amplio: el futuro de la tauromaquia en México. La gente de ambos lados del debate hace mucho ruido y se moviliza con fuerza.
Para asegurarme de entender correctamente la historia y el contexto de la tauromaquia, hablé con todo tipo de personas: toreros, el director de la Plaza México, el jefe de una asociación nacional taurina, ganaderos, expertos legales, activistas de derechos de los animales, manifestantes y aficionados.

A las 4:30 p. m., las casi 42.000 personas que por poco llenaban la Plaza México comenzaron a silbar sin cesar. Habían esperado desde el 15 de mayo de 2022 —un periodo de 624 días de impugnaciones legales— para que las corridas volvieran a celebrarse en la plaza de toros más grande del mundo, solo para enfrentar otro retraso ocasionado por los cientos de manifestantes que estaban afuera.
Cuando finalmente salió el desfile de los tres matadores de la tarde y su séquito taurino para saludar a los aficionados, la plaza de Ciudad de México estalló. Luego, a las 4:58 p. m., el primer toro salió corriendo por el ruedo.
Durante las siguientes dos horas y media del domingo pasado, los fanáticos vitorearon y abuchearon, gritaron “¡olé!”, fumaron puros, comieron carnes asadas y papas fritas, bebieron cerveza y mezcal y vieron morir a cinco toros con espadas clavadas en sus lomos.
“Verlo acá, el ‘olé’ y como retumba la plaza, es indescriptible”, dijo Erik Reyes, de 30 años y residente de Ciudad de México que estuvo en las gradas.
Las corridas de toros, propagadas por España a lo largo y ancho de sus colonias en América Latina en el siglo XVI, han estado en el centro de una importante disputa legal por su regreso a la ciudad taurina más grande, del mayor país taurino del mundo. Esa batalla ha llegado a simbolizar un enfrentamiento más amplio entre la tradición y la evolución de las opiniones sobre la crueldad animal.
Los embates legales continuaron el miércoles, cuando una jueza suspendió temporalmente las corridas de toros en la Plaza México, apenas unos días después de que se reanudaran. Funcionarios de la Plaza México han impugnado la decisión.
“Nadie que va a una corrida de toros sale siendo una mejor persona”, sentenció Jerónimo Sánchez, un activista de los derechos animales.
Reportaje completo: http://tinyurl.com/246gha6l

