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El Pentágono alista un nuevo despliegue militar hacia Medio Oriente con el envío de tres buques de guerra y más de 2 mil infantes de marina, en medio de la escalada del conflicto con Irán, pese a que el presidente Donald Trump ha insistido en que no planea aumentar la presencia de tropas.
De acuerdo con The Wall Street Journal, entre 2 mil 200 y 2 mil 500 elementos del grupo anfibio Boxer, con base en California, así como de la 11 Unidad Expedicionaria de Infantería de Marina, se dirigen al Comando Central de Estados Unidos, responsable de las operaciones en la región.
Este movimiento representa el segundo despliegue masivo en menos de una semana, luego de que Washington enviara al buque USS Tripoli, con base en Japón y acompañado por unos 5 mil efectivos y la 31 Unidad Expedicionaria de marines, para integrarse a las operaciones militares en la zona.
Según reportes, el nuevo grupo de combate ya cruzó el estrecho de Malaca y se prevé que llegue a aguas cercanas a Irán hacia finales de marzo. Actualmente, Estados Unidos mantiene alrededor de 50 mil soldados desplegados en Medio Oriente.
El despliegue ocurre apenas un día después de que Trump afirmara públicamente que no tenía planes de enviar más tropas, lo que refleja tensiones entre el discurso político y las decisiones operativas en el terreno. Ni la Casa Blanca ni el Pentágono han respondido a solicitudes de comentarios de agencias internacionales.
En paralelo, el mandatario aseguró que su administración está “muy cerca” de cumplir los objetivos estratégicos en la ofensiva militar. A través de su red Truth Social, sostuvo que las acciones han debilitado significativamente las capacidades de Irán, incluyendo su infraestructura militar, su industria de defensa y su sistema de misiles.
Trump incluso planteó la posibilidad de reducir la intensidad de las operaciones. “Estamos muy cerca de alcanzar nuestros objetivos mientras consideramos la posibilidad de reducir drásticamente nuestros esfuerzos militares en Oriente Medio”, señaló.
Entre los objetivos mencionados por el presidente destacan la degradación de la capacidad de misiles iraníes, la destrucción de su base industrial de defensa y la neutralización de sus fuerzas navales y aéreas, así como impedir el desarrollo de armamento nuclear.
No obstante, dejó claro que no contempla un alto el fuego inmediato, lo que indica que la estrategia estadounidense sigue enfocada en consolidar ventajas militares antes de cualquier negociación.
El mandatario también abordó la situación en el estrecho de Ormuz, uno de los puntos más sensibles para el comercio energético mundial, al señalar que su seguridad debería ser responsabilidad de los países que dependen de esta ruta, y no exclusivamente de Estados Unidos.
El escenario continúa siendo incierto, con tensiones activas en distintos frentes y una posible reconfiguración de la estrategia estadounidense en la región, mientras la comunidad internacional observa con preocupación el riesgo de una mayor escalada del conflicto.

