Mar. Ago 18th, 2026

El País

Primero fueron Groenlandia y el canal de Panamá. Después, Canadá e incluso Venezuela. Ahora el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha incluido al estrecho de Ormuz en su lista cada vez más larga en este mandato de territorios bajo soberanía ajena o internacional de los que dice que quiere anexionarse.

Desde su regreso a la Casa Blanca, Trump ha hecho alarde de una política expansionista en la que declara, entre otras cosas, la supremacía estadounidense en el continente americano. Y no duda en poner sus miras en otros puntos del planeta. Ya había sorprendido la semana pasada cuando, en una declaración, aseguró que el estratégico cuello de botella marítimo, la clave de su guerra contra Irán, se convertiría en territorio estadounidense. Este martes ha dejado claro que no es una idea pasajera o una broma de un momento. En un mensaje en su red social, Truth, el republicano ha publicado una fotografía con esta denominación.

En la imagen se ve un mapa del estrecho que separa el golfo Pérsico del de Omán. En ella marca el estrecho de Ormuz con un círculo y añade el lema “NUEVO Territorio de Estados Unidos”, acompañado de una franja azul, roja y blanca con estrellas.

En otro mensaje posterior en su red social, el mandatario ha vuelto a referirse al paso marítimo y al estancamiento de las negociaciones de paz entre Washington y Teherán. “No hay conversaciones ni charlas en marcha, o previstas, con la República Islámica de Irán. El bloqueo naval sigue en pleno efecto y fuerza. El estrecho de Ormuz está abierto y operativo. Todas las minas acuáticas han sido retiradas o detonadas”.

Ya el pasado viernes Trump aseguró que planteaba incorporar el estrecho de Ormuz como “territorio de Estados Unidos” tras “derrotar a Irán”. Aunque las negociaciones siguen estancadas y el plazo que los dos países se dieron en junio para llegar a un acuerdo de paz definitivo expiró este lunes sin pena ni gloria, el presidente insiste en proclamar que su país es el vencedor militar absoluto del conflicto.

“Después de que terminemos de derrotar a Irán, que está siendo derrotado muy gravemente, muy pronto declararé el estrecho de Ormuz territorio de Estados Unidos, en esencia. Tenemos un bloqueo. Ningún barco pasa a menos que nosotros queramos que pase”, había declarado el republicano en un mítin celebrado en Long Island (Nueva York).

Una idea ya mencionada

Unos días antes el mandatario estadounidense ya mencionó la idea de que Estados Unidos se “quede” el estrecho de Ormuz argumentando que ya controla la ruta marítima porque los ataques estadounidenses realizados desde febrero han diezmado las capacidades militares iraníes, algo que Teherán ha rechazado.

“Estados Unidos tiene el control total del estrecho de Ormuz. ¡Creo que nos lo quedaremos!“, escribió el miércoles pasado Trump en Truth Social, asegurando que “no hay nada que Irán pueda hacer al respecto”.

No está claro cómo el presidente pretende pasar de las amenazas a los hechos. Mediante la voluntad de la población afectada parece sumamente improbable. Pero la fuerza tampoco parece una opción. Una operación militar de conquista convertiría la guerra actual en una escena de paz y amor en una comuna hippie. Hoy por hoy, Estados Unidos no cuenta con munición suficiente para algo así, después de haber vaciado sus arsenales en los combates de los últimos meses. Y el Departamento de Defensa se plantea una reducción de la presencia militar estadounidense en Oriente Próximo una vez haya concluido esta guerra, ante los daños que sus bases en la zona han sufrido tras meses de hostilidades con Irán, según ha publicado este martes el periódico The Washington Post.

El Mando Central, responsable de las operaciones militares estadounidenses en Oriente Próximo, mantiene desplegados habitualmente cerca de 40.000 soldados en una veintena de emplazamientos desde Jordania a Omán. Pero la guerra contra Irán ha disparado la presencia militar de Estados Unidos en la zona, reforzada ahora con buques, sistemas de defensa antiaérea, aviones de combate y otros tipos de armamento.

El estrecho de Ormuz, una de las principales rutas mundiales para el transporte de petróleo y gas, es un corredor de aguas internacionales limitado en el norte por Irán y en el sur por Omán. Aunque este sultanato fue víctima el lunes de las amenazas de Trump, que advirtió que si el país continúa sus contactos con Teherán para establecer algún tipo de mecanismo de peaje en el estrecho lo bombardería sin piedad, Omán es un firme aliado de Washington en la zona del Golfo, y una serie de acuerdos bilaterales permiten a las fuerzas estadounidenses acceder a sus puertos y aeródromos militares.

La incertidumbre sobre el futuro del estrecho —uno de los asuntos que las negociaciones de 60 días debían resolver— parece ser el motivo que ha impelido al mandatario a su provocadora reclamación territorial. El paso de mercancías y petróleo representa una mínima proporción del volumen previo al conflicto. Cada vez menos barcos se atreven a atravesarlo. Este martes, un barco mercante fue atacado por un “proyectil desconocido” cuando trataba de dejar atrás el golfo Pérsico a través de las aguas omaníes en el estrecho, según la agencia de Operaciones Comerciales Marítimas del Reino Unido. La sala de motores del navío quedó dañada y el servicio de Guardacostas de Omán tuvo que acudir a rescatar a los miembros de la tripulación.

Pero Trump insiste una y otra vez en que, gracias a las fuerzas estadounidenses, el paso marítimo (que había estado abierto sin ningún tipo de problema hasta que empezó la guerra el 28 de febrero) está desbloqueado y se puede atravesar con normalidad.

Ante las intenciones de Irán de imponer un sistema de peaje a los buques que lo crucen, en colaboración con Omán, el presidente estadounidense también ha coqueteado en algunas declaraciones con la idea de que sea su país el que imponga algún tipo de tarifa. Una propuesta que se da de bruces con décadas de política oficial de Washington, que se presenta como adalid de la libertad de navegación y que para defenderla ha llevado a cabo regularmente patrullas en puntos como el mar del Sur de China.

Este lunes venció el plazo de 60 días que se dieron EE UU e Irán con la firma de un memorando de entendimiento el pasado 17 de junio, que declaraba el “cese inmediato y permanente de las operaciones militares en todos los frentes”, como parte de un proceso para negociar el fin de la guerra en Oriente Próximo. Ninguna de las dos partes ha expresado interés en aplicar la prórroga contemplada en el documento de 14 puntos. En declaraciones desde el Despacho Oval el lunes, Trump aseguraba que no tiene ningún interés en mantener con vida un proceso que nunca llegó a ponerse realmente en marcha.

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