Texas se ha pintado de azul y ha elegido por primera vez en su historia a una mujer hispana, de ascendencia mexicana, como gobernadora del Estado considerado un bastión republicano. Durante las midterms que se celebraron este martes 3 de noviembre, Gina Hinojosa, del Partido Demócrata, le arrebató el puesto a Greg Abbott (52,8% de votos frente a 45,7%, con el 99% escrutado), quien estuvo en el cargo más de 10 años.
Gina Hinojosa es hija de Gilberto Hinojosa y Crisanta Guerra Lozano; él, un prominente político demócrata del Estado; ella, abogada especializada en negligencias médicas, defensa en materia de seguros, litigios relacionados con medicamentos y productos sanitarios, por mencionar algunos, según describe su perfil en Martindale-Hubble, una empresa de servicios de información jurídica.
Crisanta Guerra Lozano nació en la capital San Luis Potosí, localizado al norte de la región central de México. Rodeado por Nuevo León y Tamaulipas, al norte; Zacatecas, al oeste; Guanajuato, Queretaro e Hidalgo, al sur, y Veracruz, al este. El Estado potosino fue un importante centro de producción de metales preciosos durante la época colonial. Lozano, de 72 años, estudió Derecho en la Universidad George Washington. Al no ser una figura pública, se sabe poco sobre la letrada.
Por otro lado, Gilberto Hinojosa, de 74 años, nació en Alamo, Texas; es mexicano-estadounidense de segunda generación. Ha sido presidente del Partido Demócrata del Estado desde 2012; se graduó de la Universidad Pan American (hoy, Universidad de Texas) y es doctor en Jurisprudencia por el Centro de Derecho de la Universidad de Georgetown. “Es el primero en su familia en graduarse de la universidad”, se lee en su perfil en la página de la Unión Americana por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) de Texas. Trabajó para el Programa de Acción Legal para Migrantes en Washington D.C. Fue director de la División de Migrantes de Servicios Jurídicos Rurales en Colorado; abogado en la Asistencia Jurídica Rural de Texas, en la ciudad de Brownsville; juez del condado de Cameron, Texas, entre 1995 y 2006.
Con todo y su alto perfil, Hinojosa ha sido hostigado por sus raíces mexicanas. En el año 2000, el abogado contó a The New York Times que un agente los estuvo siguiendo durante 16 kilómetros mientras iba en su auto con su esposa y una de sus hijas; también contó que no lo dejaron subir a un avión con dirección a Houston hasta que declaró su nacionalidad.
Han pasado 26 años desde esas declaraciones, y el Estado gobernado por el Partido Repúblicano se ha topado con una avalancha azul. Gina Hinojosa, una de sus hijas, ha sido electa para comandar el territorio sureño. Nació y creció en el Valle del Río Grande. Se graduó como abogada y asegura que llegó a la política por accidente, tras combatir el cierre de la escuela de su hijo luego de que el Estado amenazara con cortarle los fondos. Ganó esa batalla y en 2015 llegó a la presidencia de la junta de padres del distrito escolar de Austin. Un año después fue elegida como representante estatal, cargo que ha ejercido hasta ahora. Ese “accidente” ha pasado a la historia.
La historia de Gina
Gina comenzó su carrera defendiendo a familias y trabajadores como abogada laboral y de derechos civiles. Representó a trabajadores texanos que luchaban para recibir un trato justo y los salarios y beneficios que se habían ganado, y los ayudó a sacar adelante a sus familias.
Gina tiene una larga trayectoria exigiendo cuentas a políticos corruptos. En 2005 formó parte del equipo legal que demandó al líder de la mayoría de la Cámara de Representantes, Tom DeLay, por cargos de lavado de dinero, y ha continuado vigilancia constante contra la corrupción en la Legislatura.
Gina nunca planeó postularse para un cargo público pero cuando los recortes al presupuesto estatal amenazaron con cerrar la escuela primaria de su hijo, Gina organizó a otros padres, se postuló para la Junta Escolar del Distrito Escolar Independiente de Austin (Austin ISD) y ganó. Mantuvo abierta la escuela de su hijo, junto con todas las demás escuelas públicas del distrito. En 2015, sus colegas de la junta la nombraron presidenta.
A pesar del esfuerzo, las escuelas de barrio seguían cerrando en todo el estado porque los líderes republicanos seguían desviando el dinero de los contribuyentes tejanos lejos de las escuelas. Entonces Gina se postuló para un puesto en la Cámara de Representantes de Texas y ganó. En 2019 luchó por una inversión de más de $11 mil millones en las escuelas públicas de Texas y ayudó a conseguirla. Inspirada por la experiencia con sus propios hijos, impulsó leyes para reducir los exámenes estandarizados y aumentar el sueldo de todos los maestros de Texas.
Firme defensora de los trabajadores tejanos, Gina lleva una década enfrentándose a multimillonarios e intereses corporativos en la Legislatura e impulsando al estado a invertir en las escuelas comunitarias para ampliar el acceso a la atención médica y bajar los costos para los tejanos.
Gina sabe que la atención médica es de vital importancia para todos los tejanos. Por tal motivo, fue la patrocinadora en la Cámara de una ley que aseguró casi $1 mil millones en fondos federales para pagar la atención médica de personas de bajos recursos en el condado de Travis.
Además, Gina aprobó la reforma corporativa más importante de la última década, donde creó un nuevo tipo de corporación en Texas, la corporación de beneficio público, la cual utiliza el poder corporativo en beneficio del bien común. También aprobó leyes sobre seguridad pública y beneficios para nuestros militares.
Al crecer en el Valle, Gina aprendió una lección temprana de su abuela: “No te dejes.” Defiéndete.
Ahora, Gina lleva la lucha directamente a Greg Abbott, quien por más de una década ha ayudado a la élite corrupta a enriquecerse mientras los trabajadores tejanos luchan por salir adelante. Los tejanos merecen un líder que ponga primero a la gente, defienda nuestros valores y dirija con valentía, no uno leal a sus donantes de campaña.

